Entonces dejas que la incomodidad... te incomode
Pedimos mucho al universo, dios o a fuerza mística, energética o espiritual en la que creamos; pedimos que nos traiga nueva vida y cambios pero cuando nos corresponde le huimos a la incomodidad.
Para mí, parecía frustrante y muy a mi pesar me movía, poco, y volvía a quedarme estática ante la incomodidad. Todo lo que había pasado me había dejado con un montón de nudos en la cabeza y mi respuesta a la incomodidad y el cambio era quedarme estática porque parecía que eso me daba un poco de control... qué engaño.
Tuve que voltear mi vida de cabeza y soltar mucho en pocos pasos, ha sido doloroso y no. Creo que el dolor es más por lo que pudo ser que por lo que estaba siendo, porque nada sabía yo de la compasión y saberme que había hecho lo mejor que podía en las situaciones en las que estaba, con las herramientas que tenía.
Hoy que estoy en un momento de tantísima incomodidad, lloro, me entristezco pero reconozco que tengo que seguir, aunque no me parezcan justos mis no haceres y los haceres que tengo hoy. Viví tanto en las ideas que hoy necesito callarlas y callarme para accionar hacía donde pertenezco, hacia donde todavía no sé. También porque necesito pagar la renta y esas cosas de sobrevivir y vivir en este sistema.
Y aunque aún me siento confrontada por esta incomodidad, sé que lo peor ya pasó, sé que lo peor sería volverme a quedar estática ante una incomodidad que me está llevando un poco más a lo que pedí y a lo que necesito. Una incomodidad y realidad que necesito entender y profundizar en este momento.
Hasta ahora, la navego como puedo, a veces en lagrimas, a veces en desesperación, a veces en ansiedad pero a ratos la navego consciente de que esto no es todo y que al final me toca (y quiero) seguir.
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