Demasiado para poco
Creo que empecé a sentirme culpable por llorar desde que tengo memoria. Frases típicas de papá y mamá como "No es para que llores" "no tienes porque llorar" "¡Cállate! No llores" "Te pones como si te estuviera matando" y muchas otras que por ahora no tengo tan presentes. Y aunque trataba de aguantar, las lagrimas y el gemido surgían hasta que había una especie de amenaza para que me callara, entonces lo hacía bajito.
Luego viene en "el amor de pareja", once años sintiéndome culpable por llorar. Porque mi novio hablaba sobre mi cuerpo, señalaba o se burlaba de mi ropa, porque me trataba terrible casi todo el tiempo, porque trataba terrible a mis amigos porque no eran señores "maduros" de veinte años (creo que nunca fue muy consciente de que yo tenía 15 años y por ende mis amigues igual...) o por algún nuevo engaño que le descubría. Y venían frases como "es que lloras por todo" "no te digo porque siempre lloras" (esta se repite no solo aquí, también en otros vínculos como en las amistades) "Pero no llores" "Es que haces un drama por nada" "no tienes porque llorar"... y otras que por ahora no tengo tan presentes o no quiero recordar porque todavía me generan dolor.
26 años de culpa por sentir y expresar como mi cuerpo y mente pueden. Claro, uno tiene que desarrollar herramientas para regular, pero ¿Y que pasa si las lagrimas son mi forma de autorregulación? Llorar me daba mucha vergüenza, muchas veces lo hacía en silencio o en la red social, siempre ha sido un refugio para soltar piensos y sentires. Sobre todo rodeándome y aferrándome a tantos vínculos incorrectos como hice durante todo ese tiempo. Luego las lagrimas solo aparecían a la mitad de las crisis de ansiedad y en los cuadros depresivos, acompañadas de adormecimiento en las manos o huecos en la memoria.
Hasta hace dos años, y la terapia, que volví a hacerlo de forma consciente y bajo cuestionamiento. También cuando llegué a habitar circulos en los que parecía buena idea decir que soy una llorona sin remedio, y que también parecía ser validado hasta que ya no lo fue. Hasta que fue incomodo porque se me ocurrió decir como me sentía y mientras hablaba corrían las lagrimas, porque ya no podía más con lo que tenía dentro. Entonces no me convertí en dramática, ni en exagerada, ni en loca, ahora era "reactiva y ambigua".
Entonces entendí que ya no quiero llorar en silencio ni hacer que otres lo hagan porque me incomoda su reacción. También he sido esa persona que dice "No llores", me aliené tanto que yo también fui por la vida replicando e invalidando las lagrimas de otres, otres a quien amé y a quienes amo. Aquel día entendí que ya no más, como muchos otros ya no más que dije estos últimos dos años. Nadie tiene que sanar y mucho menos entender mi trauma, ni mis lagrimas, pero yo tampoco tengo ganas de quedarme en lugares donde no me dan respuestas y lo único que surge es ponerme adjetivos, donde alguna vez se pusieron acuerdos por el bien común y al final por incomodidad se rompieron y jamás se habló de porqué.
Ya no estoy dispuesta a partirme en pedacitos, a callarme o a sentirme culpable por llorar porque es incomodo para alguien más. Las lagrimas son un pedazo de mi, de mis sentires, saberes y pensamientos, parte de mi ser. Y agradezco que en su momento hayan sido abrazados pero no voy a aferrarme más a lugares donde tenga que silenciarme e invalidarme para caber. Cada quien elige su paz, sí, y mi paz no cabe donde soy demasiado para poco.
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