La sutura

 A veces me gana la ansiedad por todo lo que no hice. 

Por lo mucho que está tardando todo. 

A veces quisiera volver al día en que escribí ese mail, borrar la disculpa, borrar la culpa, borrar todas las letras que no debía y no volver a ver su cara jamás.

A veces me duele creer que todo iba a cambiar. Me duele haberlo dejado entrar una y otra vez, como si nunca hubiera dolido tanto. 

A veces me pongo triste por el potencial que tenía todo, y a veces también por eso me enojo. 

Quisiera que la cicatriz se hiciera ya, pero dejé que el tejido se rompiera una y otra vez y ahora la sutura lenta es la que me ayuda a cerrar. Un proceso que entra y sale, tira y levanta y vuelve a tirar. 

A veces parece que cerró, que sanó, pero luego un pensamiento fugaz contamina la realidad y me vuelvo enfermar y la herida se vuelve a abrir y tal vez se llega a infectar. A veces la infección dura semanas pero últimamente algunos días y cuando estoy muy de buenas, unas horas. 

A veces durante la infección me detengo un instante, y miro todo lo que tengo hoy, lloro por todo lo que perdí. Y la sutura duele menos, porque lo perdido me estancó en algún momento y entre infecciones me perdí y me olvidé de sanarme para solo ponerme vendas y curitas. 

Me siento un poco estúpida mientras escribo esto y simulo que estoy suturando una herida en mi mente. Pero eso es lo que estoy haciendo. Estoy suturando y limpiando una herida que apenas he permitido cerrar, que apenas me permití soltar. Ahí me detengo y con un suspiro imagino el día en que no esté suturando más, el día en que el pensamiento fugaz no vuelva a abrirme la herida. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

No fui invisible, solo fui vulnerable en un lugar que no me permitió ser

El mundo no necesita mi tragedia

¿Me duele que ya no me duela el pasado?