Duelo tardío
Después de tanta violencia.
Después de tanta perdida de libertad.
Después de tantos golpes.
De tanta ansiedad y tanto dolor, una sale de una relación con la ansia de comerse al mundo. Con la ansia de escapar y no querer sentir el dolor de nada. Por no querer pensar en nada, si quiera en su rostro. Si quiera en las mil veces que dijo que estarían bien, ni en todas las mentiras que inventó sobre haber cambiado para que regresaras a su manipulación. No querer pensar en que ya no te amaba, que solo eras un objeto más de su colección de porquerías.
En Marzo me dediqué a vivir muchísimas cosas que había dejado de vivir en plenitud. Corrí de escenario a escenario en mi festival favorito, viví mi sexualidad como no se me permitió en dos años, bebí en plena libertad y con personas que no me violentaban para defender las mentiras de nadie. Volví a ver a mis amigos, comencé a escribir de nuevo, comencé a cantar de nuevo, a bailar de nuevo. Empecé a reapropiarme de mi vida. A ratos me sentía sola, me sentía rota y para no pensarlo me dormía.
Así estuve durante meses, además de cargar con el tramite en la fiscalía y el hostigamiento de su familia y el casero de salir del departamento, donde me vi forzada a quedarme hasta julio. Solo saliendo de ahí pude tener este duelo tardío. Solo saliendo de allí pude soltar la rabia y llorar por lo bueno que algunas veces fue. Y no me mal entiendan, lo bueno no justifica nada de lo demás, ni la violencia psicológica, económica y mucho menos la violencia sexual. Pero por muchos años creí que era mi persona, crecí creyendo que nadie iba a amarme como se suponía que él lo hacía, y aún a pesar de la denuncia que publicaron en la Nacional de Teatro sobre un intento de violación que cometió hace años, yo me quedé, "por amor" me quedé, porque desde los quince años eso era lo que yo conocía como amor.
Luego me lo topé en un puente, y aunque mi acción normal hubiera sido bajar la mirada al celular, seguí caminando con mi frente en alto, no pudo sostenerme la mirada. Después lo vi accidentalmente por la ventana y no sentí nada. Solo sentí pena por mi porque él juraba que yo era el problema de toda su vida, pero sin mí estaba igual.
La terapeuta me ha dicho que a pesar de la opinión popular, fui muy fuerte y muy valiente al salir y decidir denunciar, porque aún en nuestras sesiones se asoma esa niña de quince años que cree que es su culpa, que cree que si hubiera aguantado un poco más, él la hubiera amado como la amó al principio. En terapia he aprendido que salir de una situación de violencia y manipulación como la que viví es muy difícil, es como tener síndrome de Estocolmo pero porque creces creyendo que eso es lo que está bien, creces creyéndole a tu agresor que lo que él quiere es lo que debes ser, quien debes ser. Y no fue hasta que conocí a Flor Amargo y entré al taller de actuación con Sara Pinet y Hamlet Ramírez que comencé a cuestionar esas ideas. Porque comencé a conocer el mundo desde mi y ya no desde él. Fue la mejor época de mi vida, fui muy feliz.
Agosto y septiembre fueron mis meses de este duelo, lloré por el día que lo conocí, nuestra conversación en facebook y lo feliz que me sentí.
Por aquel primer beso.
Por aquel primer año en el que fui feliz, a pesar de que desde entonces había demasiadas mentiras.
Por aquel día en que me dijo que tenía que hacerlo, tenía que montar Parábola. Que él me iba a apoyar, aunque al final no fue así.
Por las veces que se quedó y nadie más lo hizo.
Por el día que volvimos a estar juntos y creí que podíamos hacerlo.
Por el día que me dijo que quería vivir conmigo, aunque después le hiciera creer al mundo que yo lo obligué.
Por el día en que publicaron su denuncia y le dije que no me iba a ir, que estábamos juntos en las buenas y en las malas. Aunque por meses yo recibí todo el acoso por haberme quedado.
El día que me regaló mi tarot, porque aunque no lo entendía sabía que había encontrado consuelo a lo que había sucedido con mi mamá en la espiritualidad.
Por el día que rescatamos a Mika, que por un pequeño instante creí que podíamos volver a ser un equipo.
Y por el día antes de que fuera por sus cosas, comenzara a entrar al departamento, agresivo, sin avisar y después a amenazarme. Porque el día anterior se suponía que solo había que hablar de como íbamos a resolver lo del departamento. Por ese último beso que le di el día anterior, en el que entendí que no había más que hacer.
Bastó una clase de coaching vocal, cantar nuestra canción y llorar por todo lo que pudo ser y que no va a ser nunca.
Sé que mucho por lo que luché esos once años solo estuvo en mi cabeza, por esta idea sistémica de ser "la sanadora", por creer que un día iba a cambiar e iba amarme como yo lo amé. Porque un día nuestra vida juntos iba a importar más que todos los monos de colección. Porque vivía bajo una manipulación constante.
Ahora sé que no es mi culpa, sé que está bien llorarle a lo que fue bueno y sé que a veces volverá a mi mente y sonreiré por alguna cosa que pudo ser y que ya no será, o solo por algún buen recuerdo. No puedo borrar once años de mi vida, puedo soltarlos, sí, pero son parte de quien soy. Y ahora estoy haciendo las pases con eso.
El duelo de nadie tiene que ser como lo dicta la sociedad. El duelo, como la vida, es personal e individual. Dejar ir es algo que uno tiene que decidir cuando está listo y no cuando les amigues y el entorno lo indiquen. Porque solo uno sabe lo que pasa, lo que siente y cuanto le está costando. A veces el duelo puede llegar en el momento más feliz o cuando a una le diagnostican una depresión severa. No hay una regla, no es líneal y está bien.
Este blog es el último que dedico a hablar de esta persona, que dedico a esas versiones de mi que amaron tanto y que se olvidaron de si misma. Que dedico a lo bueno que a veces fue, a los días que parecía que me amaba y los días que pudieron ser y que no serán. Porqué lo amé, no saben cuanto lo amé pero ahora no tengo más espacio para amarlo más.
"... Voy a dejarte, liberarte. Desprenderte de mi espalda, para salvarte sin ahogarme.
No te puedo dar las partes que te faltan...
No me puedes quitar las partes que te faltan."
- Elsa y Elmar
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