Última lamida de heridas

 

A veces siento que entre mis intentos siempre hay desbordes de tristeza porque no me permití estar mal. No me permití parar y tampoco se me permitió. Frases como “Ya pasó” “Ya tienes que superarlo” “No llores”. Y lo intenté, lo intento todo los días. Pero de entre esas frases jamás hubo un abrazo en silencio. No hubo compasión con mi sentir. Y yo no aprendí a tener compasión conmigo.

Desde muy pequeña tenía que seguir aunque me estuviera muriendo por dentro. Porque así tenía que ser. Como si mi sentir no fuera válido. Y sé que la vida sigue y que pareciera que parar no es una opción pero todas esas frases se quedaron tan clavadas en mi interior que ahora me paralizan mis propios regaños. Me repito todos los días que no debería estar así, que soy una tonta por perder tanto tiempo llorando a todo lo que perdí en tan solo unos meses. A todo lo que perdí por seguir pensando en alguien más. Libertad, seguridad, libertad, proyectos, valor, universidad, una verdad, esperanza, una vida, que tomé y que no era la vida que yo quería. Y perdí ambas.

Hoy 27 de Enero se me sigue juzgando por no poder superarlo aunque me esfuerzo todos los días. Aunque ya me siento del otro lado.

Y a escondidas me lamo las heridas.

A escondidas lloro y dejo que mi ansiedad haga lo suyo. Porque no quiero escuchar lo que implantaron en mi y se ha quedado por años en mi cabeza.

Y me rindo en ello.

Me lamo las heridas pero no quiero volver a escuchar otro “ya supéralo” no quiero volver a escuchar otro “no parece” o cualquier comentario que implique que no estoy haciendo nada, porque estoy haciendo mucho por mi al estar aquí. Me está costando tanto.

Estoy haciendo mucho por mi, teniendo la compasión que nunca se me enseñó a darme.


Comentarios

Entradas populares de este blog

No fui invisible, solo fui vulnerable en un lugar que no me permitió ser

El mundo no necesita mi tragedia

¿Me duele que ya no me duela el pasado?