Otro capítulo

 

Esta vez no quiero venir a escribir poéticamente como hago siempre (tal vez lo haga a veces).

Dos años sin escribir, dos años sin hacer lo que toda la vida le ha dado sentido a muchas cosas, es lo más idiota y triste que pude haber hecho. Y además de terminar el teatro que tengo que terminar, pensaba que no pasa nada si quiero cumplir mi fantasía Carrie Bradshaw por internet. Hablar sobre la vida de una chilanga feminista, no monógama de 26 años que siente demasiado y además intenta sobrevivir a la vida de adulta no tan privilegiada que le toca vivir.

Y aquí estoy, tratando de encontrar nuevo departamento. Cancelando un plan de cinco años de soltería porque se me atravesó alguien en el ojo (otra vez), disfrutando de la relación con mis mejores amigos y red de apoyo. Sanando muchos años de una relación violenta a la que me costó tanto soltar y pensando que la vida tiene que ser mejor que todo eso.

Estoy en otro capítulo de mi vida del que empecé este blog.

Quienes me siguen se preguntarán:

¿Qué fue del vínculo?

Y él es feliz, o eso creo. Ahora somos amigos y le tengo un inmenso cariño por todas y cada una de las cosas que hizo por mi. Para muches sonará triste el “somos amigos” porque siempre se ha impuesto la idea de forzar las relaciones o de hacer hasta lo imposible para que alguien nos quiera como le queremos, y créanme cuando les digo que no tiene que ser así (escribí una obra que lo explica). Hay personas tan valiosas con las que tenemos conexiones y conversaciones que nos aportan muchísimo y eso, eso deberíamos de considerarlo. Antes de muchas cosas el vínculo me dijo “no sé que pase más adelante pero eres de esas personas que quiero tener en mi vida…” y aunque bien pude haber romantizado y pensado que sentía lo mismo que yo sentía por él, lo estuve cuestionando semanas. Aunque claramente ya era muy tarde para mí porque yo tenía años sintiendo cosas por él, sabía que de la misma forma yo también quería tenerle en mi vida porque ¿Cómo carajos se puede alejar a alguien que te impulsó a no dejar de escribir teatro? Y no solo eso, poder tener conversaciones extensas sobre la industria, sobre la sociedad y sobre lo que sientes y verlo desde otra perspectiva, con quien ríes y con quien te sientes a gusto de compartir un pedazo de tu tiempo.

Pensar esto no solo me hizo considerarlo a él, también a otras personas que en este momento me aportan muchísimo y que antes que otra cosa las quiero cerca porque sé que puedo ser yo con cada une de elles y que elles pueden esperar lo mismo de mi. Una reciprocidad mutua y libre.

Todavía no sé cuando se vaya a estrenar mi obra pero sé que me llena muchísimo volver a hacer lo que amo hablando de una situación que me hizo cuestionar años y años de aferrarme a que las personas me quisieran como yo quería que lo hicieran y no como elles quieren. De la libertad de ser y dejar ser a los otres. Y sobre todo hablar en voz alta también de lo mucho que siento, de ya no tener miedo a sentir aunque la mayoría de las veces pueda doler. Dejar de sentir vergüenza por ello es algo que también plasmé en ese texto y ahora en este blog.

Espero que disfruten tanto este capítulo como yo, sincerándome con ustedes tal cual soy y tal cual vivo mi hoy en una CDMX llena de todo.

Por ahora tengo miedo porque se están moviendo muchas cosas en mi vida pero sé que todo valdrá la pena. Sé que voy a estar bien y por ahora solo quiero esto, sentarme a escribir mientras me tomo mi té de jengibre del día.




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