La gratitud y lo irracional
Y de repente te notas caminando por los pasillos de un lugar que no esperabas. Mirando al cielo mientras vas a recoger las cosas de tu jefa para llevarlas a su camerino, con una sonrisa de oreja a oreja porque amas este trabajo.
Porque aunque te quedan 37 pesos en la bolsa, no tienes donde vivir y acabas de confesar tus sentimientos (y probablemente no sean correspondidos), hoy se siente que todo está bien, que todo va a estar bien.
A veces la ansiedad me hace pensar que me falta demasiado para estar donde quiero. Ese miedo de no ser lo que los demás quieren. Pero desde que lo vi por la ventana y solté esa culpa que vine cargando dos años, y este par de meses, siento mucha paz.
Y que no importa si la riego, si se me rompe el corazón o si mi vida vuelve a cambiar.
Hoy estoy aquí.
Lo estoy intentando.
Me sonrío al verme ser consciente de que nada es personal. Que a veces por más que quisiéramos hay que dejar ir, porque se arriesgó, se dió. Fuiste ternura, fuiste amor pero a veces las personas necesitan otro tipo de ternura, otro tipo de amor y no es tu culpa.
Y también es válido ser irracional. Vivir duelos, mentir que estás bien y que no duele aunque estés jodida jodidamente adolorida porque quieres a esa persona y lo que menos quieres es que sienta que es responsable de algo. Aunque muchos días pensar en su risa te hiciera el día, aunque muchos días pensar en aquel domingo te hiciera sentir demasiado. Lo que diste, lo diste con amor, así no’ más. Y no es su culpa, solo no es y ya. Y está bien. Sabes que si te necesita ahí estarás para gritar sus canciones en algún concierto o para compartir algún último consejo.
Con gratitud tomo este momento para dejar ir y dejarme ir a esta búsqueda de mi solitud, a este reencuentro con el amor a mi solitud. Porque hace años que no lo encuentro.
- dejo estas últimas letras de estos meses de todo y nada, para volver a la práctica parlanchina frente al micrófono. Gracias por leer, gracias por ser.
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