El domingo
A menudo me siento en el sillón y pienso en aquel domingo.
Pienso en tu semblante pensativo.
Y en lo mucho que me gusta verte.
En lo bien que se te ve esa playera verde.
Escribo esto como si lo fuera a leer en el futuro
Aunque el domingo fue ayer.
Escribo esto pensando en lo que dices pero
¿Y qué pasa con lo que se siente?
¿Solo lo sentí yo?
A menudo me siento en el sillón y me giro a la izquierda
Y repito la conversación en mi cabeza.
Lo que me pesa vulnerarme
Y lo fácil que haces que sea.
Sentarme en el comedor y observar las dos monedas que dejaste.
Recorrerme los labios con los dedos mientras pienso en eso.
Que me gusta lo que es aunque se supone que no es nada.
Pero ¿Cómo nada puede hacerte sentir todo?
No lo sé.
Y sé que sueno incongruente, que soy incongruente.
Me paseo con mi bandera liberal pero a escondidas fantaseo mientras me siento en el sillón y me pregunto una y otra vez si quiero un novio, cómo dijiste.
Lo claro es que no quiero “un novio”.
Lo claro es que quiero esto, con o sin etiqueta.
Quiero otro domingo mientras nos fundimos y nos tiramos al sillón a decir todo y también nada.
Lo claro es que no quiero terminar lo que quiero decir, no quiero afrontar lo que siento porque tengo miedo que te vayas y que esa “nada” que ahora siento como todo se convierta realmente en nada.
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